Actividades recordatorias 9 de julio 1816 – 2009
- Lectura del siguiente escrito y de la declaración de la independencia
- Elaborar una reflexión sobre el momento histórico que se recuerda y la realidad actual.
- Elaborar una línea de tiempo con los hechos históricos, en base al video propuesto.
Aquel 9 de julio de 1816 se sentaron las bases sobre las que, considerando la familia, el honor y el progreso, con humildad y valor se declaraba al mundo que éramos capaces de dirigir nuestros destinos, comenzando así una lucha titánica que se prolonga hasta hoy.
Pero para entender un poco más a aquellos hombres que declararon nuestra independencia miremos hacia atrás y pensemos: ¿Qué era la Argentina entonces?: Desierto áspero, vacío, espacio sin tiempo. Grandes, dulces, terribles ríos del litoral. Pampas húmedas y barrosas en invierno, resecas en el verano ardiente. Salitrales en el norte, abandonados fondos marinos. El Sur, mar bravío, de aguas heladas, mercuriales, batiendo los roquedales oscuros. Allá a lo lejos, la diligencia, con sus postillones transformados en máscaras de polvo ocre, divisando vizcacheras y quebradas. En esa diligencia se viajaba hacia Tucumán entre cardales y el faro verde de algún ombú. Con suerte serían una semana o diez días de tumbos y sed. ¡Cuánta inmensidad para tan pocos!
En 1816, aquellos hombres aparentemente sensatos, capaces de la cita en latín o francés, estaban llevados por una inexplicable locura, seguramente de raíz ibérica, puramente quijotesca. Se proponían la independencia y la libertad. Ellos seguramente se dijeron: “Si aquí no hay nada, si estos son desiertos y potreros olvidados por Dios y a tres meses de navegación de las potencias civilizadas, nosotros, por voluntad propia, haremos aquí una gran nación. Y como no hay nada, estableceremos lo mejor. Será una nación para vivir y existir, no para sobrevivir sin pena ni gloria”
Hoy cada uno de nosotros debería pensar que también es un fundador. Que aquellos desiertos, ahora metafísicos, no son menos amenazadores. Nosotros estamos igualmente convocados a continuar construyendo la patria como aquellos que lucharon en el ayer, cubiertos de polvo blanquecino.
Tenemos atroces desiertos, aún en este siglo: la decadencia, la falta de dimensión poético-filosófica, el enanismo mental, el “ser para la nada” de una sociedad de cosas materiales pero con valores muertos. Y el SIDA y la subcultura comercializada a escala mundial y un sistema que está acabando con la relación del hombre con la naturaleza.
Estos son nuestros nuevos desiertos. Tan peligrosos y arduos como los de nuestros padres fundadores de la patria, aunque menos poéticos. Pensemos: ¿Cual es el papel de cada uno de nosotros en esta realidad?
